El Neolítico es el periodo de la Prehistoria (6500 – 3000 a.C.) en que el hombre, hasta entonces depredador, que vivía de la caza, la pesca y la recolección de frutos silvestres se reconvierte en productor de alimentos gracias a la práctica de la agricultura y la ganadería.

Al principio de esta etapa, los agricultores recogen sin previamente cultivar: trigo, cebada y leguminosas (habas) en estado salvaje. Éstos serán gradualmente seleccionados y utilizados para la siembra; por lo que se hizo necesario trabajar la tierra, sembrar los granos, segar las espigas y almacenar la cosecha.  Para llevar a cabo estas actividades fue necesario un cambio radical en su utillaje pues si antes era tallado, ahora será pulido, de los que construirán hachas, azuelas, molinos, etc.

Junto con la agricultura existe otra innovación en la forma de procurarse el alimento diario: la cría de animales en cautividad, lo que potenció sobremanera su dieta alimentaria, posibilitando con ello la aparición de una vajilla doméstica capaz de contener sólidos y líquidos en frío o en caliente: la cerámica, que aunque ya se empezó a conocer a finales del Paleolítico Superior, será en el Neolítico utilizada masivamente por los productores de alimentos como elemento de primera necesidad para la cocción de la comida diaria basada en vegetales, carnes y leche.

Estas innovaciones conllevan al sedentarismo, instalando, en principio sus viviendas en el interior de las cuevas, y ya con un clima más benigno lo harán al aire libre edificando chozas o cabañas de elementos vegetales y formas circulares o tendentes a él; y se organizan en pequeñas comunidades agrícolas en un territorio de varios Km2  situados en los valles fluviales o en las llanuras costeras, extendiéndose los campos de cultivo en perjuicio del bosque mediante el incendio de la vegetación, sirviendo sus cenizas como fertilizante para su posterior cultivo.

Al principio de este periodo, los muertos son enterrados en una cista megalítica por el rito de la inhumación, pero poco a poco a finales del V Milenio empiezan a hacer acto de presencia grandes estructuras tumulares megalíticas con cámaras funerarias rectangulares y pasillo o corredor, las que se cubren por medio de adintelamiento, en las que pueden ser enterrados uno o más individuos por el mismo rito de inhumación.

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