Los ungüentarios de vidrio fueron unas piezas muy destacadas en el mundo romano dado su uso como contenedores de perfumes, aceites y sustancias medicinales.

Además de su uso en la vida cotidiana, donde sus productos eran empleados por mujeres y hombres, los ungüentarios tuvieron un importante papel en el mundo funerario, ya que los ungüentos favorecían la preservación del cadáver. Por ello, acompañaban al difunto durante todo el ritual funerario y terminaban formando parte de su ajuar.

Nuestra pieza pertenece a un ajuar funerario que se halló en una tumba de cremación localizada en la Haza de las Ánimas (Torrecampo). El mencionado ajuar, está compuesto por varios cuencos cerámicos, un plato de terrasigillata, dos fragmentos de espejo en bronce, una lucerna, un cuenco de vidrio y el ungüentario.

Centrándonos en la pieza que nos ocupa, existe una variada tipología de ungüentarios, siendo el nuestro del tipo tubular con depósito troncocónico achatado y cuello muy largo, realizado mediante la técnica del soplado y con un vidrio transparente con matices verdosos.

Su cronología estaría en torno a los siglos I y III d.C., por lo que se intuye que la datación del ajuar y la tumba estaría dentro de este marco cronológico.